Atrévete a viajar sola: relato de una vuelta al mundo

Ocio  / 

Hace dos años, mientras planteaba si hacia sentido canjear las millas que tenía acumuladas en un vuelo para Estados Unidos, me enteré de que tenía muchas más de las que pensaba. Después de 4 años volando 3 semanas en cada mes por cuestiones de trabajo, y con los viajes personales contribuyendo también para aumentar mi cuenta, ¡descubrí que tenía millas suficientes para dar la vuelta al mundo! Sin poder creerme en lo que veía, llamé a Star Alliance dos veces para confirmar si era realmente verdad. Y sí. Bastaba llamarles cuando quisiera iniciar el viaje y tuviera mi ruta definida.

Decidí que ese no sería un buen año para hacerlo porque ya tenía otro viaje planeado, pero la verdad es que en el fondo me faltaba el valor para esa aventura.

Hasta que, en diciembre de 2018, ¡sentí que había llegado el momento! Pedí una excedencia de 8 semanas en mi trabajo a la que no me presentaron problemas, llamé a Star Alliance y reservé mi vuelo. Bueno, “reservé” es solamente una expresión. La verdad es que les comuniqué el primer destino que quería y después de una hora de conversación cerramos las demás fechas y destinos.

Con mi billete de avión reservado ya “solo” me quedaba encontrar acomodación y pensar en lo que realmente necesitaría llevar conmigo para viajar sola durante tantos días y a tantos lugares. Sí, me fui a dar la vuelta al mundo a solas. Después de la sorpresa y de los mensajes de ánimo de mi familia y amigos, estaban todos tan emocionados como yo para saber a dónde iba y qué iba a visitar.

Mi vuelta al mundo a solas

Suiza – Singapur

En finales de abril salí de Zúrich en dirección a mi primer destino: Singapur. Esta fue la base para mis primeras semanas por la facilidad de traslado que me ofrecía hacia otras áreas del sudeste asiático.

Después de un vuelo de 13h, aterricé al final del día y me fui directa al hotel, ubicado en Chinatown, una zona muy peculiar con muchos restaurantes y bares de moda. En el camino, hice mi primera parada y foto en el templo de Thian Hock Keng, donde en otros tiempos los marineros agradecían su llegada a la ciudad después de un largo viaje. No fue una parada planeada y tampoco conocía esta historia, pero ese fue sin duda el momento en el que me empecé a sentir agradecida por la posibilidad de este viaje y de conocer otras culturas y religiones.

Thian Hock Keng, Singapur

Thian Hock Keng, Singapur

Después, dejé mi mochila en el hotel y fui a conocer la zona de la marina de la ciudad. En una feliz coincidencia, llegué justo a tiempo para ver el Spectra, un espectáculo de luces y agua junto al famoso Marina Bay Sands Hotel.

Singapur – Camboya

Al día siguiente partí en dirección a Siem Reap en Camboya, donde me quedé unos días para visitar los templos de Angkor Wat, Bayon y Ta Prohm. La magnificencia de estos lugares es increíble y la forma como la naturaleza los ha moldeado les aporta una áurea muy especial. Aquí fue donde me encontré con el turismo en masa de otros países asiáticos, con todos siempre buscando la mejor foto. Me contaron varios nativos más tarde que este tipo de turistas no intenta conocer la cultura local. Se quedan en resorts con todo incluido y visitan los puntos turísticos en un autobús, en una especie de peregrinación con “check-list”.

Angkor Wat, Camboya

Angkor Wat, Camboya

Además de los templos, disfruté de la piscina del hotel en las horas de más calor y de los masajes al final del día. Es genial complacerse con un masaje de reflexología por tan solo 3-5$ después de visitar los mercadillos de la ciudad, ver el Les Artisans d’Angkor y probar la comida tradicional Khmer. El momento gastronómico culminante lo disfruté en el restaurante Malis, en un edificio absolutamente fantástico.

Por supuesto, ¡los tuk tuks y yo nos convertimos en mejores amigos!

Camboya – Laos

De Siem Reap, partí hacia Laos, más específicamente a Luang Prabang. Dos personas cuya opinión valoro muchísimo ya me habían comentado sobre esta ciudad, pero la realidad superó todas mis expectativas.

Luang Prabang es Patrimonio Mundial de la Unesco y sus habitantes fueron los más dulces y generosos que encontré durante todo el viaje.

Luang Prabang, Laos

Luang Prabang, Laos

Es una ciudad pequeña, llena de templos budistas y casas con influencia colonial, donde se respira tranquilidad y alegría. Tenía en mi hotel un lago de nenúfares, también protegido por la Unesco, y uno de los mejores restaurantes de comida tradicional de la región, el Manda de Laos. Si vas a estar por la zona, recomiendo que reserves una mesa.

La pequeña Luang Prabang me dio la paz que necesitaba en ese momento y me enamoré de sus personas, de sus cafés tranquilos junto al río Mekong, del aroma a hierba limón ¡y de las sonrisas!

Laos – Vietnam

Recuperada la calma, llegó el momento de aterrizar en Hanoi, ¡la capital del caos! En otras circunstancias aquella confusión me resultaría excesiva pero después de Laos la sensación fue en realidad muy buena: los coches, las motos, las personas sentadas en pequeños bancos de plástico charlando alegremente, las iglesias y los templos, las bocinas de coches… ¡ufff! Estoy en Asia.

Con la tarjeta del hotel siempre conmigo por si necesitara llamar a Ann en cualquier momento (la recepcionista del hotel me dijo que la llamara si necesitaba algo y que ella me recogería donde estuviera), me fui a descubrir la ciudad. Primero a solas y luego con una estudiante universitaria local que me llevó a las calles más pintorescas, a las heladerías y cafés frecuentados por los nativos, y al Cong Caphe, el mejor lugar para probar el café de coco de la ciudad. ¡Volví ahí 4 veces!

En Hanoi aprendí a cruzar las calles como una verdadera “kamikaze”. No hay otra forma. Es un verdadero arte cruzar esas calles sin normas de tránsito.

Hanoi, Vietnam

Hanoi, Vietnam

Mientras tanto, disfruté de un crucero en Ha Long Bay, donde conocí una pareja estadounidense que celebraba sus 50 años de matrimonio y que decidieron “adoptarme” para compartir sus comidas ya que les parecía raro que una mujer viajara sola. Siempre recordaré con cariño de la forma como me acogieron.

Vietnam – Malasia

De Vietnam me fui a Malasia. Kuala Lumpur fue una parada estratégica. No solo tenía curiosidad de conocer la ciudad, sino que además el padre de una gran amiga vive ahí y se apuntó voluntariamente como mi guía.

La ciudad es una mezcla de modernismo, con sus grandes edificios espejados y la grandeza de las Petrona Towers, y de tradición (y es que llegué justo en pleno Ramadán). Hicimos un recorrido por las calles en la parte histórica de la ciudad, nos fuimos a mercadillos locales y, en medio, paramos en una librería musulmana donde me regalaron un libro sobre la historia de la religión.

Si algo hice en todo este viaje fue rezar y aprender con diferentes creencias.

Antes de viajar hacia el destino siguiente de mi vuelta al mundo, tuve la ocasión de visitar Putrajaya, una ciudad construida para ubicar los edificios y entidades administrativas de Kuala Lumpur, y la Mezquita de Putra, una de las más modernas y bonitas del mundo.

Malasia – Bali

¡Finalmente en Bali! Esta era una de las paradas que más ilusión me hacía y me quedé aquí varios días, viajando entre Ubud, Nusa Lembongan y Seminyak.

Bali es todo lo que escuchamos hablar del país y mucho más. Lo que lo convirtió en especial para mi es que podemos transformar la experiencia en lo que queramos. Nos podemos dejar influenciar por las opiniones negativas sobre el turismo en masa en la isla o podemos crear nuestra propia versión. Yo opté por la última opción.

Nusa Lembongan, Bali

Nusa Lembongan, Bali

Visité la isla a mi ritmo y sin hacer “check-lists”, me quedé alojada con familias locales, en bungalós en la playa y en una casa con piscina privada y solo para mí. Me fui a los lugares que más curiosidad me despertaban (arrozales, plantaciones de café, templos), disfruté de masajes en spas tradicionales y de lujo, me trasladé en mototaxi hacia todas partes, desayuné los mejores desayunos de todo el viaje, escuché la mejor música en el Potato Head Beach Club, dejé que el hijo de mi primer host me llevara al famoso ketut que Julia Roberts visitó en la película Come, reza, ama, cumplí el ritual de purificación en Tirta Empul, cené y salí a bailar con otras viajeras a solas de Chile y Brasil, caminé con mis chanclas y ¡fui feliz!

Bali – Singapur

Volví a Singapur con otro ánimo por descubrir y visité la Little India, la Orchard Road y el Gardens by the Bay.

Aproveché también para quedar con un amigo que vive en la ciudad y que me llevó a cenar en el típico Hawker Market y a comer el mejor Satay de siempre en Satay Street.

El último día, antes de irme al aeropuerto, tuve tiempo para conocer los Jardines Botánicos con Rodrigo, un portugués que vive en Singapur y que cruzó el sudeste asiático en moto en 50 días.

Singapur – Hong Kong

En Hong Kong, el punto alto de mi estancia fue la cena con un gran amigo y su mujer que viven en la ciudad hace varios años y me dieron algunos consejos fundamentales como: “¡Ignora la rudeza de los taxistas!” Y la verdad es que tenían toda la razón porque ellos fueron la parte más negativa de todo el viaje. O no conocían los lugares a donde quería ir o me dejaban tirada en medio del camino.

Hong Kong es una ciudad pequeña en territorio pero superpoblada y en la que cohabitan varias nacionalidades. Es una mezcla de modernidad y tradición con tiendas de lujo y mercadillos de imitaciones, comida internacional y local, trabajadoras filipinas que se juntan todos los domingos para hacer algo como un picnic por las calles y debajo de los viaductos, espectáculos de luces en la bahía al oscurecer y ¡gente por todas partes!

Tuve también la oportunidad de visitar Macao y por momentos pensé estar en Portugal. Sin embargo, esa sensación rápidamente se disipa porque nadie habla portugués y si no tienes una tarjeta con los nombres de los lugares a los que quieres ir escritos en mandarín… ¡Suerte!

Conseguí disfrutar al máximo de mi tiempo en Hong Kong y tuve aún la oportunidad de caminar por entre la naturaleza en Victoria Peak.

Hong Kong – Japón

De Hong Kong me fui a Japón que es justamente todo lo bueno que te cuentan del país. Tokio está claramente en el futuro pero su población logra ser muy educada y tranquila. La ciudad es cosmopolita y al mismo tiempo silenciosa.

Estuve varios días en Tokio y puedo afirmar que la comida es fantástica, Harajuku es tan colorido y divertido como se espera, a los japoneses les encantan los videojuegos y el cosplay como si nunca hubieran dejado su niñez y cruzar Shibuya es en realidad muy fácil.

Para ir de Tokio a Kioto cogí un Shinkansen (el tren de alta velocidad japonés) y mi objetivo era ver por lo menos a una geisha verdadera. Ya me habían dicho que era difícil, pero vi a dos así que ¡misión cumplida!

Ahí me quedé alojada en un típico ryokan y lo aconsejo a todos que visitan el país que lo hagan también, aunque sea por una noche. En un ryokan y ¡en un hotel cápsula! Hay opciones geniales de este tipo, principalmente para quienes viajan solos o con amigos.

Kioto, Japón

Kioto, Japón

En Kioto me puse también la ropa tradicional por una tarde mientras paseaba por las calles del barrio de Gion, las más bonitas y típicas de la ciudad. Están “un poco” llenas de turistas, pero si lo planeas bien consigues visitarlas en momentos más tranquilos.

Japón – Hawái

Sayonara Japón y ¡Alohaaaaa Hawái! Aterrizar en O’ahu y quedarme unos días en Honolulu me sentó genial en esta etapa de mi vuelta al mundo. Tuve la suerte de quedarme en un hotel con acceso directo a la playa de Waikiki y de poder bañarme todos los días mientras disfrutaba de los atardeceres más bonitos de este viaje.

Waikiki, Hawái

Waikiki, Hawái

Honolulu se vuelve más agitado aún por la noche pero, como es un destino sobre todo para familias, es también muy seguro y perfecto para viajeros solos.

Si visitas la isla, la parte más bonita, autentica y verde está al norte. Ahí reina el surf, las frutas son deliciosas y puedes, como yo, probar el kayak o el paddle surf. Sin embargo, el verdadero espíritu Aloha se siente un poco por toda la isla. Los hawaianos son muy acogedores y amables.

Hawái – Los Angeles y Nueva York

De Hawái me fui a Los Angeles y me quedé en Beverly Hills. Para los que nacieron en los años 80, Rodeo Drive, Venice Beach o el Santa Monica Pier son puntos de visita obligatorios.

La ciudad es muy extensa y si no alquilas un coche tendrás que usar y abusar de los Ubers. De hecho, una de las mejores experiencias en Uber que tuve fue en Los Angeles. Cuando la conductora se enteró de que viajaba sola, desconectó la aplicación y me llevó hasta Melrose Avenue y West Hollywood mientras me hablaba del día a día en la ciudad.

Vivir unos días en aquella ciudad fue estupendo, pero confieso que no puse los pies en Downtown LA porque, por lo que leí y escuché hablar de la zona, no me despertaba interés.

Tuve también tiempo para hacer una parada en Nueva York, una ciudad que ya conocía muy bien y donde aproveché para quedar con amigos, visitar museos y caminar muchísimo (75km en 4 días).

Nueva York

Nueva York, Estados Unidos

Estados Unidos – Portugal – España – Suiza

De vuelta a Europa y antes de regresar a Zúrich para finalizar mi vuelta al mundo, tuve la oportunidad de pasar unos días en Portugal con amigos y familia, y de visitar rápidamente Madrid para estar presente en la boda de una gran amiga.

¿Cuál es mi conclusión de esta aventura? Pues que fue ¡una experiencia fantástica! No puedo dejar de recomendarle a todas las mujeres que tengan el valor de salir de su zona de confort y que viajen solas aunque sea solo por unos días. ¿Cuántas veces hemos perdido la oportunidad de “ir” solo porque no teníamos compañía? Creedme, después de un viaje como este no se arrepentirán y solo pensarán en la próxima escapada.

Aprovecho para dejar algunos consejos prácticos que te servirán tanto para una vuelta al mundo como para un viaje más corto: tener por lo menos algunos hoteles reservados, principalmente para los días de llegada; llevar más de una tarjeta de crédito y, de preferencia, tener una cuenta con los nuevos bancos virtuales ya que estos ofrecen mejores tasas de cambio; llevar copias de los documentos necesarios; buscar una acomodación central y con buenos accesos. Finalmente, ir sin grandes expectativas. ¡Así todo será una buena sorpresa!

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Sobre el autor

Nacida en Portugal, y después de 8 años viviendo en Londres, donde estudió y trabajó en el equipo de Ventas y Gestión de Clientes de Bloomberg, Rita vive ahora en Zurich.
Con el cambio de país, Rita cambió también de carrera y trabaja ahora como Headhunter para el sector financiero.
Cuando no está aconsejando profesionales, preparándoles para las entrevistas o revisando CV’s, Rita aprovecha su tiempo para viajar y salir con amigos, o volver a su casa de siempre, Porto!