Cómo gestionar las rabietas de tus hijos

Mamá  / 

Todo va bien, hasta que de repente, tu hijo comienza a llorar (más bien berrear), gritar, tirarse al suelo, dar golpes… Y por más que tratas de hablar con él, no te escucha. Si nunca te has enfrentado a una rabieta, a partir de ahora pasarás por unas cuantas más. No te preocupes, que las rabietas no duran siempre. ¿Son frustrantes? Sí. ¿Son normales? También.

Principales causas de las rabietas

Unos más, otros menos. Pero al final, no hay niño que entre los 2 y los 4 años no pase por una rabieta. Se trata de una reacción que forma parte del desarrollo de los pequeños. Como todavía les es difícil explicar qué les ocurre, las rabietas, los berrinches y las pataletas son la forma que tienen de mostrar que se encuentran mal o están frustrados.

causas de las rabietas

Por tanto, no hay una sola causa que desencadene las rabietas. Las situaciones más habituales son las siguientes:

  • Cansancio o sueño.
  • Hambre.
  • Aburrimiento.
  • El niño está incómodo o siente un malestar.
  • No consiguen lo que quieren, ya sea un juguete del que se han encaprichado, comerse el postre antes del puré o quedarse un rato más en el parque.
  • Quieren llamar la atención de sus padres porque no les hacen caso.
  • A partir de los 2 años, los niños quieren empezar a hacer cosas por sí solos. Cuando se dan cuenta de que no pueden, la frustración se convierte en pataleta.

Normalmente las rabietas se acaban en cuanto el niño ha desarrollado sus habilidades lingüísticas y ya es capaz de explicar qué quiere. No es muy frecuente, pero es conveniente saber que hay ocasiones en las que esta explosión de emociones está causada por un problema de salud. Alteraciones en la vista, el oído, un retraso en el lenguaje, un trastorno del aprendizaje o una enfermedad crónica pueden favorecer las rabietas.

Estrategias para gestionar las rabietas de los niños

Sea el motivo que sea el que las ha causado, lidiar con las rabietas no es fácil y llega a desesperar a los padres. Lo bueno es que acaban desapareciendo. Lo malo, que la llegada de ese día se hace eterna. Mientras tanto, hay pequeñas estrategias que los padres pueden seguir para afrontar esas situaciones.

Anticiparse a la situación

Es cierto que en ocasiones las rabietas llegan sin avisar. El niño está construyendo una torre con sus piezas de construcción y se le caen, por ejemplo. Pero si sabes que siempre que pasas por delante de la juguetería se va a poner a patalear porque quiere ese muñeco del escaparate, da un rodeo.

Del mismo modo, si eres consciente de que tu hijo lleva mal el estar con sueño o tener hambre, cuando veas que llega la hora de comer o de acostarlo, llévalo a casa para que satisfaga esas necesidades. No intentes entrar en el supermercado ni te pares media hora a hablar con la vecina.

Distraerle

Cada niño es un mundo, y aunque hayas oído cientos de veces que no hacer caso al niño es lo mejor, puede que con el tuyo no funcione. Con el mío esa estrategia no servía. Las rabietas empezaron a pasar de durar minutos a unos segundos cuando nos dimos cuenta de que lo que funcionaba era distraerle con otra cosa.

En cuanto veíamos que la situación se nos iba a ir de las manos (porque, créeme, con el tiempo sabes que la rabieta es inminente), llamábamos su atención hacia cosas que le encantaban. “¡Mira, un coche de policía!” (o de bomberos, o un camión, o una excavadora).

Lee también: Consejos para aplicar límites a los niños

Tragar saliva

Cuando por mucho que hagas, la rabieta llega, no te quedará más remedio que tragar saliva, respirar hondo y esperar pacientemente a que se tranquilice. Porque por mucho que lo intentes, cuando un niño pequeño está chillando y pataleando, no entra en razón. Además, si le prestas la atención que está reclamando lo tomará como un premio. Sabrá que ha vuelto a salirse con la suya.

Ojo, que ignorar no significa alejarnos y no mirar para el niño. Hay que vigilar que no haya nada con lo que pueda hacerse daño. De ser así, retíralo.

Olvidarse del tema

Una vez que la rabieta ha pasado, ya puedes darle un abrazo al niño para que acabe de tranquilizarse. No lo riñas, da el asunto por zanjado y cambia de tema.

Antes de terminar es conveniente recordar que a los niños les viene muy bien para su confianza que se les premie cuando hacen las cosas bien. También es bueno que les permitas hacer elecciones de poca importancia, como tomar manzana o plátano de postre o elegir entre la camisa azul o la blanca.

Y, sobre todo, que a diario pases un rato en el que sienta que tiene toda tu atención para él solito.

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Sobre el autor

Mamá y periodista. Cotilla por naturaleza, nunca saco el móvil por la calle porque me gusta observar lo que ocurre a mi alrededor. Todo lo que veo me sirve de inspiración para escribir.